Es un placer presentaros a nuestro nuevo sibarita del mes, Jose para algunos, Sr Guerra para otros, Ted para mi. Pero lo que es común para todos es que es una gran persona, un gran cliente y un gran sibarita!!!!
Jose, el escenario es todo tuyo:
Resulta difícil juntar en un artículo los mundos de la coctelería y la arquitectura, sin caer en el amarillismo de comentar qué y cuánto beben los grandes arquitectos.
Pero hay un caso en el que ambos mundos se mezclan de forma sublime, y el resultado figura ya en los libros de historia del arte. Este caso es la sede de la destilería Seagram en Nueva York, proyectada por el arquitecto alemán Ludwig Mies Van der Rohe, finalizada en 1958.
Mies van der Rohe nació en Aquisgrán en 1886 y le tocó vivir en primera persona la época más convulsa de la historia de Europa. Su estilo fue evolucionando del clasicismo germano a un estilo más personal y ascético, carente de ornamentación y meditado hasta el más ínfimo elemento. Dos de sus más famosos aforismos resumen perfectamente su obra: ‘Dios está en los detalles’ y el ya clásico ‘Menos es más’.
La llegada del nazismo al poder forzó a gran parte de los artistas modernos de Alemania a huir, bien a Estados Unidos, bien a la URSS. Ludwig escogió América, donde mantendría una dulce relación con el capitalismo redefiniendo su símbolo arquitectónico por excelencia, el rascacielos. Aunque nunca había demostrado demasiado interés por la política, seguramente el Reich tendría presente que en 1926 diseñó el monumento a los dirigentes comunistas asesinados en 1919, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht.
Curiosamente para el curso se esta historia, mientras en Alemania morían dos marxistas a manos de los freikorps, en Estados Unidos se aprobaba al día siguiente la Decimoctava Enmienda a la Constitución, también conocida como Ley Seca; y en Ontario, Canadá, ocho meses después fallecía Joseph E. Seagram, fundador de la destilería Seagram & Sons, que unos años después pasaría a manos del también canadiense Samuel Bronfman.
Samuel Bronfman no era nuevo en el mundo de los licores cuando se hizo con el control de Seagram en 1928, ya que su compañía, Distillers Corporation Limited, había crecido de manera significativa durante los años 20, aprovechando la situación ilegal de sus productos en los vecinos Estados Unidos. El contrabando, además de tremendamente enriquecedor, resultó ser una gran estrategia de posicionamiento, ya que cuando en 1933 se abolió la Ley Seca, el público ya estaba familiarizado con sus productos, ahora legales.
Todo fue como la seda para la compañía y en la década de los 50, había llegado el momento de establecer una sede en la capital mundial de los negocios, Manhattan. En la elección del arquitecto tuvo un papel muy destacado la hija de Bronfman. Phyllis Lambert era una mujer culta y adinerada, arquitecta y casada con un banquero primo de los Rothschild. La relación de Mies van der Rohe con Lambert fue excelente, llegando a trabajar juntos varias veces, tanto en Estados Unidos como Canadá.
¿Y el resultado de todo esto, cuál es?
El Seagram Building, en el 375 de Park Avenue, cambió muchas cosas en la manera de hacer rascacielos en la época. Es un edificio de una sencillez (que no simpleza) llevada al extremo, con una geometría que en su esencia recuerda a los clásicos, del que se dijo que solo se podría mejorar si estuviese hecho de oro. Con el gesto de liberar gran parte del solar a modo de plaza pública, consigue resaltar la solemnidad del edificio, además de crear un espacio de esparcimiento y reunión único en la época.
Por desgracia tanto para Mies como para todos los pioneros del Movimiento Moderno, la gente que llegó después y se subió al carro de la nueva arquitectura carecían de la sensibilidad de los maestros, y los centros financieros de las ciudades están llenos hoy en día de hijos bastardos del Seagram, lo que hace que en una visita a Nueva York el edificio pase casi inadvertido, menos para los arquitectos e historiadores del arte que peregrinan a Park Avenue, mirando cada detalle, cada junta y cada columna; y mascullando ‘es perfecto, es perfecto’.
En 2000 la sección de Seagram dedicada a bebidas fue vendida a Pernord Ricard, pero siguen conservando su denominación original.












